19 de marzo de 2017

Reflejos - Lorena Pacheco (Especial Bella y Bestia)

¡Buenos días! ¿Cómo están? Hoy se viene un día movidito, es el último del especial Bella y Bestia así que hoy va a haber una maratón de post. Dos relatos y dos reseñas. Todo separadito ya que se merecen un súper lugar ya que los escritos son A-LU-CI-NAN-TES.



REFLEJOS

Escrito por Lorena Pacheco


Bella sonríe con la mirada perdida mientras piensa cuánto le ha cambiado la vida en tan poco tiempo. Al principio, había creído que ya no tendría futuro, que renunciaría a esa libertad que tanto había defendido y vería el mundo a través de los barrotes de una celda hasta el fin de sus días. Pero hace tiempo que ya no se siente prisionera en el castillo y que ha comprendido que, en realidad, ya está viviendo esa gran aventura que siempre ha añorado vivir. Tal vez las cosas no han salido como imaginaba, pero ahora puede apreciar de verdad lo maravilloso y especial de cada detalle que experimenta.

La Bestia ya no es una bestia, no en su interior, al menos. Y quizás nunca lo ha sido, después de todo. A veces, cree que esa rabia solo escondía el corazón herido de un hombre que lo ha perdido todo. ¿Qué habrá hecho para acabar así? No se lo ha contado y ella no le ha preguntado, no desde el incidente en el ala oeste del castillo. Con el paso de los días, ha ido comprendiendo que su curiosidad no puede imponerse a la intimidad de él ni al respeto que ha pedido. El esfuerzo que él está haciendo por mejorar bien vale la resignación de no investigar más sobre su pasado, aunque mantiene la esperanza de que, tal vez algún día, él decida confesarle por voluntad propia todos sus secretos. Y ella ansía conocerlos, desea saber todo lo que se oculta tras esos profundos ojos azules. 

—Muchacha, definitivamente, el amarillo es tu color.

La voz de la señora Potts la trae de vuelta al dormitorio. La está observando con esa calidez en la mirada que le recuerda a su madre, pero Bella intenta no pensarlo demasiado; no quiere ponerse melancólica o triste justo ahora.

—¿Crees que a él le gustará? —se atreve a preguntar entonces. Acaricia la tela suave de la falda con la punta de los dedos.

La tetera sonríe.

—Oh, desde luego, aunque creo que esos bonitos ojos marrones acapararán toda la atención. Al final, el color del vestido será lo de menos.

La chica se aparta un mechón de pelo de la cara antes de que se lo recojan y se mira al espejo. ¿Por qué tiene la sensación de que ella también ha cambiado? Su reflejo es el mismo, pero, al mismo tiempo, no lo es. Ya no siente miedo, ya no tiene dudas. De alguna forma, sabe que esa noche puede cambiarlo todo, y está ansiosa por llegar a la siguiente página de esa historia. Su propia historia.

Está decidida a dejarse llevar por la magia que los rodea y que empieza a nacer también en lo más profundo de su corazón. 


El príncipe levanta la vista y se observa a través del espejo. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez? Ya ni siquiera lo recuerda. La bestia sigue ahí, observándolo con sus antiguos ojos de un azul intenso. ¿Y si todo sale bien esta noche? ¿Y si ella…?

Suspira. No quiere hacerse ilusiones, no debe fantasear con algo así. Y, sin embargo, lo hace. Siente un pellizco en el estómago al pensar en la posibilidad de volver a ser quien era, de abandonar a las dos bestias, la del reflejo y la otra, la más peligrosa, aquella que mora en lo más hondo de su alma. 

Sacude la cabeza. No va a permitir que lo controle, no ahora que ella ha comenzado a salvarlo. 

—Bella… —se permite susurrar, mientras saborea su dulce nombre como un aperitivo antes de la cena.

Sonríe al recordar su rostro radiante al mostrarle la biblioteca. Daría lo que fuera por verla sonreír así cada día, por saberla feliz bajo su cuidado. Sin embargo, una convicción repentina lo sacude como un latigazo. Bella no seguiría allí si pudiera elegir, no se quedaría con él para siempre si no la hubiera hecho su prisionera. Es muy probable que a ojos de ella, él siempre sea ese monstruo que le robó la libertad.

Al principio, pensó que cualquier muchacha bonita podría haber llegado a romper el hechizo, pero estaba equivocado. Ahora que la conoce a ella, sabe que no podría haber sido ninguna otra. ¿De verdad quiere seguir reteniéndola contra su voluntad? Siente una ansiedad bajo el pecho, un miedo terrible que jamás había experimentado. Se juega demasiado, cada vez quedan menos pétalos unidos a la rosa y, sin embargo, ya no le importa tanto recuperar su apariencia como ganarse el amor sincero de la joven. Se pasa la garra por la cara, exasperado; al apartarla, se queda observándola. 

¿Cómo iba Bella a elegir a una bestia? 

—Amo, es la hora —anuncia Lumière con esa petulancia exquisita que lo caracteriza.

Y el amo asiente, respira hondo y se coloca la casaca. Sale por la puerta y espera ansioso a que ella aparezca al otro lado de la enorme escalinata de mármol. El corazón le palpita furioso y le retumba en los oídos. Siente la garganta seca y los nervios a flor de piel. Tal vez, esa velada no haya sido buena idea.

—No hay lugar para la timidez esta noche, amo —le susurra el candelabro desde la barandilla—. Hágala sonreír y todo irá bien.

Está a punto de contestarle cuando la figura de Bella surge delicada y elegante envuelta en un maravilloso vestido amarillo. La sala está salpicada por millones de velas, pero ninguna luz resplandece tanto como ella. Siente sus ojos sobre él, incluso desde esa distancia. Sin vacilar, Bella se coge la falda y avanza hacia él, escalón a escalón. La Bestia se apresura en hacer lo mismo. Se le dispara el pulso con cada paso que da hasta que, por fin, se encuentran en el centro. Sus enormes ojos castaños lo atraviesan como un relámpago. Carraspea porque teme que la voz le haya desaparecido en ese instante.

—Estás preciosa —consigue decir con un susurro ronco. Pero preciosa ni siquiera se acerca a lo que quiere expresar.

Ella responde con una sonrisa radiante a la vez que lo toma del brazo. Sin miedo, sin temblor alguno. ¿Por qué cuando lo mira no parece ver a la misma bestia con la que él acaba de encontrarse en el espejo? No puede evitar sonreír también. La noche empieza bien. Algo se agita en su interior al contemplar su rostro de porcelana y la dulce curva de sus labios rosados. Una llamarada intensa que amenaza con hacerlo arder. 


Ya no hay ninguna duda, está profunda e inequívocamente enamorado de ella. Aunque Bella no rompa el hechizo, ya le ha hecho el mejor de los regalos: le ha enseñado a amar.


Antes que nada... ¿Puedo seguir dando mi opinión con estos maravillosos banners? ¡Qué artistaza quién los hizo! 

Ahora sí, volviendo al relato. Me gustó muchísimo. Está muy bien escrito y analiza a detalle un momento tan importante como la previa de la escena de baile. En la película original de Disney, esta escena es más que nada musical, donde podemos adivinar los sentimientos por gestos más que por palabras. Éste relato pretende ir más allá, poniendo en palabras cada pensamiento, y sentimiento.

Disfruté muchísimo leyéndolo. Espero que ustedes también.

¡Un beso grande! 

2 comentarios:

  1. Me ha encantado el relato, uno de mis favoritos.
    Lorena, además de un cielo, escribe fenomenal.
    Besos alados,
    Lu

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola Lucía! Si, la verdad es un relato estupendo. ¡Un gran beso!

      Eliminar